King Vidor: Un director de credo y compromiso

El productor, guionista y director de cine King Wallis Vidor ( 1894 – 1982). Nacía en un día como hoy en Galveston, Texas en el seno de una acomodada  familia de madereros de ascendencia húngara. Profundamente impactado por la visión del film “El viaje a las luna” de George Méliès, en su adolescencia empezó a trabajar como proyeccionista durante los veranos, despertando en él una pasión que duraría casi siete décadas.

Comenzó realizando cortometrajes documentales y publicitarios hasta que se instaló en Hollywood, realizando todo tipo de trabajos para los estudios Universal. El joven Vidor escribió hasta 52 guiones antes de le fuera aceptado uno e hizo su debut como director en 1913 con el cortometraje “The Grand Military Parade” y “Hurricane in Galveston”, fenómeno meteorológico al que sobrevivió.

Después de filmar numeroso cortos, se estrenó en el mundo del largometraje con “The Turn in the Road” (1919), brindándole el éxito necesario para rodar sus siguientes proyectos. Cuando estableció su propio estudio, Vidor Village, publicó un «Credo y compromiso» en la edición de enero de 1920 de Variety. Se comprometió a hacer películas que examinaran la condición humana y fueran fieles a la naturaleza humana. Sus películas se basarían en los «principios del derecho» y no mostrarían el mal, excepto para probar «la falacia de su línea». 

Después de convertirse en director de MGM, le dijo a Irving Thalberg, el productor, que quería hacer películas sobre temas universales «guerra, trigo o acero». A partir de este punto, sus películas contenían un elemento de humanismo, con compasión y comprensión por la vida de sus personajes.

Sus personajes reflejan personas corrientes, cuyos objetivos son universales: crecer, construir y, a veces, destruir. La interpretación y la escritura de estas películas hicieron hincapié en la adhesión a la veracidad al reflejar el pensamiento y la acción humana. Vidor retrató las mejores cualidades de la naturaleza humana y examinó los resultados de las acciones inmorales.

King Vidor dominó todos los aspectos de la cinematografía muda, incluida la actuación, la iluminación, la historia y el ritmo. Tres años después realizó “El gran desfile” (1925)  una de las películas de guerra más aclamadas de la era silente, y un tremendo éxito comercial que le consolidó como una de los grandes directores del momento. 

En 1928, Vidor recibió su primera nominación al Oscar, por “El mundo marcha”(The Crowd), ampliamente considerada como su obra maestra y una de las mejores películas mudas estadounidenses. En el mismo año, hizo el clásico “Espejismos” (Show People), una comedia sobre la industria del cine protagonizada por Marion Davies (en la que Vidor también tenía un cameo), y su muy querida comedia screwball  El Patsy, que también protagonizó Davies y fue la última de la era silente.

Con el cine sonoro, encontró nuevos caminos para para explorar la condición humana. Su primer talkie,  fue «Hallelujah» una innovadora película con un reparto afroamericano, en un intento de acercar el cine a las vidas de esta minoría. Fue un film en principio planteado como mudo, pero después fue sonorizado, con una trama pasional, y llena de canciones y detalles sociológicos. Eligió un reparto de actores negros de Chicago y Nueva York (no sólo en Harlem), que es donde tendría gran éxito (en el sur hubo cierto rechazo, como era previsible) y buscó a predicadores realies, así como un coro negro.

En ella, el sonido toma por primera vez relevancia artística dentro del cine; Vidor inventó innumerables usos, como golpeteos y otros ruidos para acentuar la acción, además de escuchar lo que se ve, cosa que no era así antes de esa película ya que la mayor parte de estrenos eran películas habladas («talkies»); como estaba en los inicios tuvo problemas con la sincronización.

Fue una revelación, y su acercamiento es pleno y total a esa comunidad sojuzgada aún; es una obra adelantada a su tiempo que revela una gran simpatía por esos compatriotas. El estudio rechazó producir la película y Vidor la pagó de su bolsillo y de nuevo sería nominado al Oscar como Mejor director

Después llegaron títulos como : «El pan nuestro de cada día», «Stella Dallas», «Duelo al sol»; «El manantial» o «Guerra y Paz». Siempre dijo:

«En mi opinión, la película es el mejor medio de expresión jamás inventado. Abarca todas las otras artes. Las películas que tienen la mayor unidad, la mayor fuerza general y dan la mayor satisfacción al espectador, han sido aquellas en las que se impuso una mano guía en cada sección de las muchas divisiones de la película. La historia, el casting, el decorado, la fotografía, la ropa, la actuación, deberían ser una sola idea. El director le debe una explicación al público. Tienes que hacer que lo que intentas decir sea comprensible. ¿De qué sirve si nadie lo entiende? La escena no tiene que ser real. Nos ocupamos de la ilusión, y el trabajo del director es controlar la ilusión» .

Vidor no tuvo problemas para adaptarse al sonido y continuó haciendo películas hasta fines de los cincuenta y deja un legado sobre el uso poético del sonido y una reivindicación del color, además del  trasfondo social de sus películas, con un marcado tono costumbrista, casi documental. En 1979, fue galardonado con un Oscar de Honor por sus «logros incomparables como creador e innovador cinematográfico».

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