Joseph Mankiewicz: «Escribo para espectadores que quieren escuchar un film tanto como verlo»

El cine de Joseph Leo Mankiewicz se caracterizó por sus contenidos, brillantes e inteligentes, llenos de elegancia, buen gusto y refinamiento; envueltos en una puesta en escena , de una precisión y de una exactitud de sabiduría casi diabólica; la dirección de actores, absolutamente teatral , con un gran sentido de la duración de los planos y de eficacia en sus objetivos, componen un perfecto dominio la comedia dramática

El director de cine, guionista y productor estadounidense Joseph Leo Mankiewicz (1909 – 1993) nacía en un 11 de Febrero en Pennsylvania, en el seno de una familia de emigrantes judíos de Alemania. Su hermano Herman J. Mankiewicz (1897–1953) se convirtió en guionista y también ganó un Oscar por co-escribir Citizen Kane (1941)

A los cuatro años, Mankiewicz se mudó con su familia a la ciudad de Nueva York, y en 1924 después de su graduación se trasladó al Berlin de los fructíferos años veinte donde admiró y aprendió como guionista el cine expresionista alemán. Consiguió trabajo en el estudio de cine de la UFA ( la potente productora alemana Universum Film AG) traduciendo intertítulos de películas de alemán a inglés. 

Desde París regresó a EEUU, donde desarrolló su carrera profesional en Hollywood y aprendió de su maestro Ernst Lubitsch. Frustrado estudiante de psiquiatría, leyó numerosos libros de ésta especialidad, así como a los grandes clásicos de la literatura, destacó por su labor como guionista. cuidaba la estructura de sus historias y la construcción de sus personajes que llegaban al virtuosismo a través de unos diálogos llenos de ironía. 

En 1928, Mankiewicz consiguió un contrato para trabajar como escritor en Paramount, a través de su hermano Herman. Mankiewicz comenzó a ser acreditado en guiones para películas como Fast Company (1929) con Oakie y Slightly Scarlet (1930) y trabajó en el guión de The Light of Western Stars (1930) con Richard Arlen y Paramount on Parade (1930) . 

Mankiewicz firmó un contrato a largo plazo con MGM. Escribió El enemigo público nº 1 (1934), que fue un gran éxito. Fue prestado a King Vidor para trabajar en El pan nuestro de cada día (1934) y por fin recibió una oferta en 20th Century Fox que incluía el derecho a dirigir. Mankiewicz trabajó durante diecisiete años como guionista de Paramount Pictures y como productor de Metro-Goldwyn-Mayer antes de tener la oportunidad de dirigir en Twentieth Century-Fox. 

Mankiewicz hizo su debut como director con El castillo de Dragonwyck (1946), que también escribió y que protagonizaron Gene Tierney y Vincent Price. Durante seis años hizo 11 películas para Fox, alcanzando un máximo en 1950 y 1951 cuando ganó los Oscar consecutivos por Guión y Dirección para Carta a tres esposas (1949)  y Eva al desnudo (1950) , que fue nominada a 14 Oscar y ganó seis. 

En 1951, Mankiewicz dejó Fox creando su propia productora y se mudó a Nueva York, con la intención de escribir para el teatro de Broadway. Aunque este sueño nunca se materializó, logró hacer películas (tanto para su propia productora Fígaro como director de encargo) que exploraron sus temas favoritos: el enfrentamiento de aristócratas contra plebeyos, la vida como una ficción y el choque entre el impulso de la gente para controlar su destino y las contingencias de la vida real. Entre ellas La condesa descalza (1954)

En 1953 retomó su proyecto de llevar a la pantalla Julio César para MGM, una adaptación de la obra de Shakespeare producida por John Houseman. La película supuso la única interpretación de Marlon Brando de un papel de Shakespeare; en el papel de Marco Antonio y recibió una nominación al Oscar a Mejor Actor. Recibió críticas favorables, y David Shipman, en La historia del cine, lo describió como una:

 «película de excelencia sosegada, que se tambaleó solo en los momentos finales cuando las restricciones presupuestarias obstaculizaron la filmación de las secuencias de batalla».  

Considerado ya como uno de los grandes, continuó su fructífera carrera en las décadas de los años 50, 60 y comienzos de los 70. Realizó dramas como La condesa descalza (1954) y De repente el último verano, segunda adaptación al cine de una obra de Tennessee Williams, que protagoniza E. Taylor, con un guión adaptado por Gore Vidal ; musicales como Ellos y ellas (1955); e incluso el western lleno de ironía El día de los tramposos (1970 ). 

Merece una mención especial su participación en el rodaje de Cleopatra (1963), cuando la  20th Century Fox buscaba un director para dicha película protagonizada por Elizabeth Taylor. Ella solo aprobaría trabajar con dos directores, George Stevens o Mankiewicz  y aceptó un contrato lucrativo, del cual se arrepintió. La película consumió dos años de la vida de Mankiewicz y terminó descarrilando su carrera y causando graves pérdidas financieras para el estudio que nunca se recuperó por completo.

Su última película fue «La huella» (1972), donde el director nos deja esta joya de película, como como testamento cinematográfico. Laurence Olivier es Andrew Wyke un prestigioso escritor de novelas de intriga y Michael Caine es Milo Tindle, el amante de su mujer y propietario de una cadena de salones de belleza. Ambos juegan magistralmente al gato y el ratón, en un duelo interpretativo de dos gigantes.

En el Festival de San Sebastián de 1992 contaba melancólico: 

“Yo me retiré por dos razones: el cine ya no me quería y yo tampoco quería ya al cine. Era consciente de que nos estábamos aproximando a lo que hoy es el cine: películas de Stallone o Schwarzenegger, guerras intergalácticas, efectos especiales… Yo no quería ni sabía hacer ese tipo de películas porque todo en ellas son trucos de cámara”

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