Pájaros de verano (2018) : El destino de una saga criminal wayúu que cambió la palabra por las armas

Uno de los estrenos más interesantes del año 2019 fue, sin duda, la película colombiana Pájaros de verano (2018), codirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra. La película se estrenó en la Quinzaine des Réalisateurs en el pasado Festival de Cannes y constituye un atípico thriller art-house sobre los inicios del narcotráfico en la región de La Guajira de la Costa Norte Colombiana, narrado como si fuera un documento etnográfico sobre el pueblo indígena de los wayúu.

Pájaros de verano se nos presenta como dos películas en una. Por una parte, nos muestra las implicaciones, deseos  y dificultades de nuestros protagonistas en formar una familia, a través de las costumbres y rituales de los wayúu, de su aprecio por la vida, su aceptación y respeto por la muerte, la mediación entre las familias por el palabrero, los diálogos en wayuunaiki, con escasos intervenciones en español que los diferencian de los alijunas. Pero los directores no idealizan las comunidades indígenas, que han sido condenadas a vivir como marginales y a vagar sin rumbo por la árida tierra de La Guajira, por su propia codicia y la traición a su valores familiares y éticos.

Los wayúu son una nación con más de seiscientos mil integrantes y la primera fuerza indígena en Colombia. Su universo se sostiene en una fuerte relación con el territorio y sus ideas sobre el mundo les han permitido construir una identidad basada en una serie de principios donde la mujer mantiene el linaje y cuenta con un papel dominante que constituye una forma de matriarcado.

El artífice, y al mismo tiempo, la columna vertebral de la comunidad, es el pütchipü o palabrero, el que trae y lleva la palabra, representando a cada familia o clan y actuando como un portavoz, así los wayúu se convierten en los hijos del viento y la primavera.   La confianza en lo que se dice y el valor inquebrantable de la palabra les ha permitido sobrevivir durante siglos como una cultura de diálogo. Aunque a lo largo de su historia también ha habido muchas guerras entre ellos, sus familias y clanes, los wayúu se sostienen por creer en el palabrero, convirtiendo esta tradición en el lema de la película:

«Si hay familia, hay honor. Si hay honor, hay palabra. Si hay palabra, hay paz»

Pájaros de verano ha contado con el mismo equipo que El Abrazo de la Serpiente —dirigida por Ciro Guerra y producido por Cristina Gallego en 2015—, siendo finalista en los Óscar de este año a Mejor Película Extranjera. En ella los autores exploraron cómo las culturas indígenas se corrompieron a principios del siglo XX, cuando los exploradores, misioneros y buscadores se aventuraron en la Colombia nativa.

Pájaros de verano es un relato sorprendente, original, poético y con una puesta en escena de gran belleza. Nos encontramos ante una de las grandes películas no solo colombiana, sino del cine universal

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FICHA TÉCNICA

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