Un día de lluvia en Nueva York (2019) de Woody Allen, es una nostálgica declaración de amor

Un día de lluvia en Nueva York (2019) es el último estreno del escritor y director de 83 años, Woody Allen y supone el 49 largometraje de una filmografía que, ha mantenido una frecuencia constante de una película por año desde finales de la década de 1960 y que finalmente no se ha estrenado en las pantallas en los EE. UU.

El motivo de la cancelación de esta película, por parte de Amazon Studios, que archivó el proyecto en 2018, se debe a la acusación de agresión sexual por su hija de 7 años, Dylan, que realizó en 1992 y del que fue absuelto. Pero el movimiento #MeToo se unió al linchamiento mediático de Allen por parte de sus hijos, Dylan y Ronan Farrow, algunos colabores y público enemigos de toda la vida. 

Ahora Woody Allen, es una persona non grata en Estados Unidos y solo ha conseguido llevar filmar su próximo largometraje, El Festival de Rifkin en España, que gira alrededor de un matrimonio que visita el Festival de Cine de San Sebastián. Sin embargo, el hecho de que  Amazon y Woody Allen llegasen a un acuerdo extrajudicial tras la demanda de 68 millones de dólares por incumplimiento de contrato, ha ayudado al director a enderezar su carrera como director 

Dejando a un lado toda la polémica suscitada alrededor de Woody Allen, Un día de lluvia en Nueva York es una deliciosa y divertida comedia romántica en su ciudad de siempre, donde el director recupera gran parte de los temas habituales de su obra y, sobre todo, ambientada en un Manhattan tan nostálgico, casi irreal que podría ser bien ser una pieza de época.

 Día de lluvia en Nueva York está protagonizada por dos de los actores jóvenes más conocidos de los últimos años: Timothée Chalamet y Elle Fanning. Chalamet, quien se propuso donar todo su salario de la película a obras de caridad , interpreta a un joven del Upper East Sider llamado Gatsby Welles, un nombre tan significativo como muchos de los diálogos del guión. 

Es un joven decepcionado de la escuela secundaria, criado entre conciertos de la Ópera Metropolitana y veranos en el sur de Francia y que ahora se encuentra en una rebelión silenciosa contra su propia familia que forma parte de la élite y clase dominante  de Manhattan. Timothée Chalamet hace un excelente trabajo encarnando al típico antihéroe alleniano: un neoyorquino neurótico, escuálido, inteligente y crítico, que también es bastante encantador. 

La película comienza en la Yardley College (un equivalente de Bard College) en el norte del estado, dónde Gatsby estudia, después de renunciar a otras universidades más prestigiosas. Se encuentra con su novia Ashleigh (Elle Fanning), una estudiante de periodismo que ha conseguido una entrevista con el legendario cineasta Roland Pollard (Liev Schreiber). Gatsby se muestra muy ilusionado en acompañar a Ashleigh, para enseñarle el encanto de su Manhattan y pasar un romántico fin de semana. 

Pero en el transcurso de un largo y lluvioso día, los acontecimientos empezarán a separar sus caminos y los dos amantes apenas se verán, con Ashleigh envuelta en su gran primicia y Gatsby deambulando por las calles mientras trata de evitar la cena de gala anual que celebra su madre en la ciudad.

Con una dirección de fotografía opalescente y deslumbrante de Vittorio Storaro, que ha estado trabajando con Allen desde Café Society en 2016, que ha hecho su mejor trabajo en ésta película, junto a sus personajes y su narrativa, parece pertenecer a otra época: una en la que puedes, en  Bemelmans Bar en el Carlyle (un elemento básico de Allen) y encontrar a Gatsby con una chaqueta de tweed cantando y tocando un piano de cola. 

Es el Manhattan donde puedes pasear por una calle y encontrarte con el rodaje de una  película de estudiantes en el Village y de repente comenzar a besarte con la actriz principal, que es lo que sucede cuando Gatsby termina tropezando con Shannon (Selena Gómez), la hermana menor de una ex novia de Gatsby que pronto se convierte en una atracción física e intelectual. 

La escena en la que vemos a Gatsby y Shannon en el set de la película, besándose apasionadamente en un automóvil mientras las gotas de lluvia comienzan a golpear el parabrisas, es bastante mágica, con Storaro dándole la sensación retro y difuminada de una fotografía de Saul Leiter. Hay otros momentos como ese, la mayoría de ellos mostrando a Chalamet reflexionando sobre lo sugerente que puede ser Manhattan, cuando el cielo está demasiado nublado y no sabes qué hacer con tu vida.

Es muy interesante el paralelismo que existe entre el día de Gatsby y el de Ashleigh. Cada uno de ellos se lleva una mitad de la película, aún queriendo estar juntos pues habían planificado paseos en carruaje, visitas al MoMa y cenas en los restaurantes más chic de la ciudad, la entrevista de Ashleigh se va enredando cada vez más. A medida que avanza el día y la película, se hace más obvio que la comunicación entre ellos es más difícil, tanto literal como existencialmente, y que la vida les empuja en direcciones diferentes. 

Elle Fanning está arrebatadora, su personaje aparece, como una bocanada de aire fresco, encantadora, inocente y entusiasta. Fanning utiliza muy bien sus expresiones y movimientos para remarcar la inocencia de una niña que puede ser engullida fácilmente por la voracidad Nueva York. Una chica rica de provincias, hija de un banquero de Tucson (Arizona), que es una gran aficionada al cine, pero poco cultivada intelectualmente, que queda fascinada por la farándula del mundo del cine, la popularidad y la fama que conlleva, y dónde se tropieza con tres tipos distintos de hombres depredadores.

Por un lado el director de cine Roland Pollard (Liev Schreiber) un ser desmedidamente egocéntrico, que busca su compañía para alimentar su propia vanidad. Otro es Ted Davidoff, interpretado por Jude Law, un guionista que busca en Ashleigh un consuelo para su decepcionante fracaso matrimonial y, finalmente su ídolo y actor favorito, Francisco Vega (Diego Luna) un don Juan dispuesto a acostarse con cualquier mujer atractiva que se cruce en su camino, sin importarle el mañana

Como se supone que Un día de lluvia en Nueva York es una comedia romántica, ofrece buenos diálogos y algunos chistes muy divertidos, pero en realidad funciona mejor cuando profundiza en su propia melancolía y en la honda tristeza que la envuelve. Esa tristeza se manifiesta aquí a través de la nostalgia, tanto por una Nueva York que ya no existe, y probablemente solo existió para unos pocos privilegiados, como por una cultura que reunía al mismo tiempo el cinismo y el candor, la sabiduría y el desengaño. 

La cinta en sí es una declaración de amor a Nueva York, a sus callejuelas, parques y museos, pero también constata los profundos cambios que se han producido en la ciudad. La Gran Manzana se ha convertido en un extraordinario parque temático de millonarios pedantes, compradores de cultura. El director nos recuerda que no pocos individuos pertenecen a familias que se han enriquecido en una historia reciente y muchos de ellos tienen unos comienzos poco glamourosos, escondidos en el armario de los secretos. La conversación/confesión que realiza su madre (Cherry Jones)  a Gatsby, parece sacada de la película El cuarto Mandamiento (1942) de Orson Welles y, tal vez, sea esa la razón del apellido de Gatsby Welles 

Al final de la película, Gatsby cita dos líneas: 

«El rugido del tráfico. Silencio en mi habitación solitaria». 

Ashleigh dice saber que es una cita de Shakespeare. 

Gatsby, en ese momento parece comprenderlo todo y sonríe sabiendo que es la canción de Cole Porter Night and Day.

Desearía que cada año, Woody Allen nos presentara una nueva película hasta el infinito, pero tal vez es pedir mucho a este genio octogenario

FICHA TÉCNICA

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.