La ceniza es el blanco más puro (2018) de Jia ZhangKe: El desarrollo salvaje es la alienación del ser humano

La ceniza es el blanco más puro la última película del director chino Jia Zhangke es una historia de amor y traición que abarca décadas en un país que cambia drásticamente. Es la novena película de Jia, y contiene muchas de las características de sus obras pasadas que puede interpretarse como un resumen de sus grandes éxitos.

Jia Zhangke surgió como director a fines de la década de 1990 para convertirse en uno de los principales cineastas de China. Es una figura esencial de la «sexta generación» de cineastas de la China continental y uno de los directores más creativos y comprometidos del siglo XXI. En sus películas se ha preocupado por el efecto que ejercen las enormes fuerzas sociales y económicas, en las experiencias íntimas de las personas. Sus películas, tanto de ficción como documentales, muestran la transformación de ciudades, paisajes y formas de vida a medida que estos trastornos afectan a familias, parejas y grupos de amigos.

En la película La ceniza es el blanco más puro comienza con unas imágenes dónde filma a la gente local en un autobús, que supone es una punzada de autenticidad, sacudiendo al espectador y ayuda a preparar el escenario para un drama de amor y traición que abarca décadas en un país drásticamente cambiante. Jia, cuyo realismo severo, a veces poco halagador, ha llevado a repetidos enfrentamientos con los censores chinos, posee una habilidad incomparable para crear un sentido tangible del tiempo y el lugar para anclar sus amplias historias.

La película está protagonizada por la esposa y musa del director, Zhao Tao, quien ha aparecido en casi todas sus películas, como una mujer que vive una situación dramática en Shanxi, una provincia del noroeste conocida por paisajes espectaculares y una enorme industria minera de carbón.

Al igual que en su obra de 2006, Naturaleza muerta, ganadora del León de Oro a Mejor película en el Festival Internacional de cine de Venecia, la película La ceniza es el blanco más puro, transcurre en una buena parte de su trama, en el área de la provincia de Hubei que está siendo irrevocablemente transformada por la construcción de la presa de las Tres Gargantas. Y al igual que sus dos últimas películas, Un toque de Violencia (2013) , que obtuvo el premio a Mejor Guión en el Festival de Cannes y Más allá de las montañas (2015), que fue galardonada por el Premio del público en el Festival de San Sebastián, la película se desarrolla como un tríptico, con tres capítulos distintos y en diferentes épocas.

En el cambio de milenio, en la ciudad industrial de Datong, en el norte de China, Qiao y Bin son una pareja de poder en los bajos fondos, con un toque del viejo estilo de gángster de Hollywood. En los salones de baile provinciales y salas de juego donde Bin es el cabecilla, en la primera parte de la película,  él y Qiao se comportan con autoridad e, incluso, con cierto glamour. Bin es el pez gordo local, resuelve pequeñas disputas y se encuentra con hombres de negocios turbios, una rutina interrumpida por las salidas a la discoteca (llama la atención afición de Jia por la música pop más comercial, también una pieza central en su película Más allá de las montañas (2015)

Bin (Liao Fan) mira a través de una nube permanente de humo de cigarrillo, su atractiva cara de póquer, ocasionalmente, muestra un toque de diversión o sorpresa. Qiao (Zhao Tao), de un fondo más respetable, amplifica el carisma de su amante con el suyo. Son las estrellas más brillantes en una constelación de buscavidas, aduladores, tipos duros y aspirantes, cuya admiración está surcada por la envidia y el miedo. 

La ceniza es el blanco más puro, puede parecer modesta y no es realmente un drama criminal. Es la historia de dos personas cuyo amor se derrumba bajo el peso de la mala suerte y la traición, pero que no logran superar su relación, a pesar del paso de los años. Cuando Bin es atacado por miembros de una pandilla rival, el aura de elegancia romántica y fuera de la ley que se cierne alrededor de Bin y Qiao pronto se disipa, reemplazada por el aire más claro y sombrío de la realidad. 

Pero los jóvenes pandilleros, comienzan a retar la autoridad del cabecilla y se producirá una violenta confrontación callejera con sus rivales. En ésta ocasión, Qiao le salva la vida y en lugar de delatarlo, ella acepta una sentencia de prisión de cinco años, ya que antes de entrar en la cárcel, Bin le pide a Quiao que cumpla con el código que les une de «justicia y lealtad», pero ella parece ser la única comprometida en cumplirlo.

Después de cumplir su condena Qiao, emprende una odisea en busca de una nueva con Bin, quien dejó su provincia natal, Shanxi.  En su camino para encontrarlo, la película transcurre en éste tramo en 2006, toma un ferry por el río Yangtze, a través del área que pronto se verá inundada por la construcción de la presa de las Tres Gargantas y ve por primera vez los profundos cambios en su tierra natal más allá del reconocimiento 

Más tarde, se encontrará en un tren hacia el oeste, entablando una amistad con un hombre con destino a la provincia de Xinjiang. Incluso sin un conocimiento detallado de la geografía de China o su historia reciente, un espectador siente la dislocación y el impulso de acelerar el cambio, y se percibe parte de la inmensidad y densidad del país. En botes, autobuses y trenes, Zhao conoce a personas que buscan futuros más atractivos de una forma u otra. Sin embargo, su propia búsqueda de respuestas y satisfacción nunca se realizará del todo.

En el tercer tramo de la película, cuando Qiao regresa a Datong, en la actualidad, la ciudad es casi irreconocible, es casi un paisaje extranjero, una ciudad abandonada por la rápida innovación china del siglo XXI. Sin embargo, la perspectiva de Jia no es nostálgica ni optimista. Sus películas no imaginan un pasado nostálgico para ser llorado o anhelado y tampoco proyectan un futuro feliz en el horizonte. Su mundo está en constante movimiento, y presenta su negativa a apresurarse a través de él, la elegancia de sus movimientos de cámara o la lentitud agonizante de sus escenas, puede entenderse como una especie de protesta, un recordatorio de la necesidad ética de prestar mayor atención al impacto que esta caótica modernización produce en los ciudadanos chinos.  

El enfoque más constante del director en toda su filmografía es la figura de  Zhao Tao, a la vez delicada e indomable, con los pies en la tierra y de otro mundo, ella ha llegado a figurar en su filmografía como una mujer común y un ser casi mítico, una mujer cuyo heroísmo reside en su negativa a desaparecer. De película en película, interpretando una variedad de personajes, se mueve a través de desechos industriales y desarrollos de gran altura, vida nocturna y trabajo en fábricas, amor y crimen, empuñando su individualidad como escudo y arma.

En ésta película ella es una sobreviviente, y quizás por eso soporta mejor su parte de sufrimiento. Pero la película en su conjunto es demasiado rica en acontecimientos  y sorpresas para ser sombría. Jia siempre ha tenido un sentido astuto de la comedia y una apreciación del espectáculo. Acepta la participación en fiestas de borrachera, respeta la solemne ridiculez de los bailarines de salón de baile que se presentan en un funeral y se deleita con la emoción de una canción de amor cursi. El punto culminante de la relación de Qiao y Bin puede ser cuando bailan juntos al «YMCA» de Village People, un cliché de la cultura pop, que Jia adopta mientras se burla de él.

En los últimos instantes de la película, unas luces atraviesan el cielo nocturno y por debajo la vida sigue ajena, impasible y acelerada. Un recordatorio por parte del director de la inmensidad del universo, un símbolo de misterios más allá de las conjeturas. Tal vez, en la medida en que el verdadero sentimiento humano que reconoce  Jia Zhang Ke es la alienación del ser humano.

FICHA TÉCNICA

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