Un siglo del arquetipo de la Mujer Fatal en el cine (Parte II)

En la primera parte de ésta pequeña revisión de la Mujer fatal en el cine,  Un siglo del arquetipo de la Mujer Fatal en el cine (Parte I)   nos encontramos ante una presencia histórica del arquetipo desde tiempos remotos. Era inevitable que el cine se interesase por un personaje tan complejo, atractivo y cautivador como éste.

Ante una oleada de puritanismo que asoló culturalmente a EE.UU, el cine no se libró de la censura y se elaboraron directrices éticas, donde se destacaba la importancia de la institución del matrimonio y de la familia. Por lo tanto, el adulterio, no debía presentarse explícitamente, ni justificarse, ni presentarse de manera atractiva. Las escenas pasionales no se podían filmar, a menos que fuesen esenciales para el guión y no se podían mostrar besos excesivos o lascivos (los besos de labios unidos no podían durar más de cinco segundos), caricias sensuales y gestos sexualmente sugerentes.

Lo mismo ocurría con la seducción o la violación que solo se podían sugerir y no mostrar, y exclusivamente cuando fuese un elemento esencial del escenario. Cualquier referencia a la perversión sexual estaba estrictamente prohibida y también la presentación del sexo interracial o la prostutición. ¿Qué paso con el arquetipo de la Mujer Fatal?

La Mujer Fatal y el código Hays 

El código Hays fue un compendio de normas para que la producción de cine estadounidense se ajustase al concepto de moralidad y decencia de sus creadores. Fue establecido por el senador Williams Hays, siendo presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas, en 1930. El texto fue desarrollado por el editor Martin Quigley y el sacerdote jesuita Daniel A. Lord

Los grandes estudios de Hollywood, aceptaron firmar un acuerdo de autocensura, para evitar injerencias del gobierno federal, aunque inicialmente lo guardaron en un cajón, sin poner demasiado interés en su aplicación, ya que las restricciones morales no interesaban ni a los estudios ni a un público, que acudía al cine en las grandes urbes, como un medio de entretenimiento y evasión

Así, en Hollywood aplicaron una versión muy tenue del código, o no lo hacían en absoluto, hasta el punto de que las películas estrenadas entre 1929 y 1933 son ahora conocidas como “cine de la era precode”. De la vieja Europa llegó una de las grandes estrellas de los años treinta, la sueca Greta Garbo y su Mata Hari en 1931, también la alemana Marlene Dietrich y su El ángel Azul de 1930 dirigida por Josef von Sternberg y la bellísima Hedy Lamarr, que protagonizó en la pantalla el primer orgasmo femenino en la película Éxtasis de 1933. 

Todas ellas son mujeres que utilizan a los hombres para su propio beneficio, en una sociedad que ofrecía pocas oportunidades a todas aquellas féminas que quisieran tener una vida diferente a la que estaban predestinadas.

Desde el mismo Nueva York llegó al cine una mis mujeres fatales favoritas Barbara Stanwyck, que en la era precode protagonizó Carita de ángel (Baby Face, 1933) como Lily que no duda en aprovecharse de los hombre para salir de la pobreza. Al igual que la actriz tejana Joan Crawford en Amor en venta de 1931 dirigida por Clarence Brown.

El Código Hays afectó a las películas creadas en Hollywood de 1930 a 1968, no se podía despertar la simpatía del espectador hacia el crimen, el mal o el pecado, en particular al gangster o a la mujer de dudosa reputación. Así se produjo una progresiva desaparición de personajes femeninos poderosos, independientes y seductores. La censura consiguió la retirada del cine de un mito sexual como Mae West y la puritana transformación de la cartoom más flapper Betty Boop. 

A finales de los años treinta el icono de la mujer fatal pasó por un período difícil al tratar de evitar a los censores, porque estaba muy lejos del modelo de ama de casa y madre que el Código quería mostrar, aunque el resultado final cuando lo logró, es absolutamente fascinante. 

El cine noir reinventa la Mujer Fatal 

Está ampliamente aceptado que el género noir se inició y desarrolló en Estados Unidos y obtuvo su máximo apogeo entre 1940 y 1950, también que la expresión cine negro, del francés film noir, fue acuñada por primera vez por el crítico italiano Nino Frank, que desarrolló su carrera profesional en Francia. Los orígenes del cine negro se encuentran claramente influenciados por la novela negra, el término se asocia a un tipo de novela policiaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal. 

En una simplificación, a veces necesaria, suele definirse al género policial, cuando la historia está narrada desde el punto de vista de la policía, es cine de gangsters cuando historia la protagonizan los criminales y cine noir cuando el protagonista es un anti-héroe (el arquetipo suele ser un detective privado, cínico y hastiado) en busca de la verdad. Suele estar amenazado por un oscuro pasado, la narración encierra una rabiosa crítica social y siempre se interpone en su camino una Mujer Fatal que lo manipula para su propio provecho.

Hay que destacar a escritores como: Dashiell Hammett, George Simenon, Raymond Chandler o James Cain, que serán inspiradores de muchos guiones cinematográficos. Dada la imposición de normas morales y la homogeneidad temática que imponía Hollywood, era sorprendente que emergiera un género como el cine negro, que no solo pretendía ser de entretenimiento, sino que surgió como un reflejo de la sociedad, y como dice el historiador cinematográfico George Sadoul

“Una variante del policiaco, quizás la única que adquirió carácter de nobleza fue el cine negro”

La primera película reconocida como cine negro fue El halcón Maltés de 1941 dirigida por John Huston y la primera Mujer fatal de esta nueva era fue Brigid O’Shaughnessy interpretada por Mary Astor.  El personaje se muestra con gran honestidad emocional, ya que sabe lo que quiere y cómo obtenerlo, aunque tenga que recurrir al engaño y al crimen para alcanzar sus objetivos. La mujer fuerte, libre e independiente que se mostraba en el cine pre code, queda reflejada ahora como una villana, que no duda en seducir y traicionar a sus semejantes, justificándose en las dificultades que ha sufrido en la vida. 

De carácter complejo y dramatismo manipulador la nueva Mujer Fatal del cine negro siempre tiene necesariamente un trágico final, tal y como ordena el Código Hays, ya que su maldad no puede quedar sin castigo.   

Barbara Stanwyck supo adaptarse muy bien al nuevo arquetipo y prueba de ello es su interpretación de Phyllis Dietrichson en Double Indemnity de Billy Wilder (1944), que en España se tradujo como Perdición. El personaje ha quedado en la historia del cine como el máximo exponente de la perversidad, una mezcla de rabia, lujuria y manipulación. Siempre con permiso de Kitty Collins, interpretada por una debutante Ava Gardner en Forajidos de 1946 dirigida por Robert Siodmak o de la bella Kathie interpretada por Jane Greer en Retorno al pasado (1947) y dirigida por Jacques Tourneur, una codiciosa y asesina Mujer Fatal, en busca de su propio destino.

Durante los años cincuenta se sucedieron espléndidas películas de cine negro y una de las que marcó estilo, por su aire enigmático y sensual fue Gloria Grahame como Vicki Buckley en Deseos Humanos (1954) dirigida por Fritz Lang, basado en una novela de Émile Zola, que también había sido llevada al cine por Jean Renoir 

Y es a Francia donde regresa el cine noir, con una Jeanne Moreau encarnando a Florence Carala en Ascensor para el Cadalso (1958) dirigida por un joven Louis Malle. Un neo noir temprano francés, que creó una corriente en Francia, dando paso al prolífico cine Polar de los años setenta.

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