“El cielo y la tierra son crueles, tratan a todos los seres vivos como si fueran perros de paja” Lao-tzU |
Uno de los directores más rebeldes y malditos de Hollywood de los años setenta fue Sam Peckinpah, el inventor del cine de acción, con violencia explícita a cámara lenta, abundante sangre roja y una edición de la películas muy innovadora.
Tal y como se refleja en el documental » El legado de un renegado de Hollywood» de 2004 dirigido por Tom Thurman:
«Dejó atrás un amplio rastro de destrucción personal y profesional, un legado de humanidad, caos, incluso crueldad y un puñado de las mejores películas jamás rodadas»
El cine de Peckimpah te enseña a esperar escenas de violencia tan estilizadas y coreografiadas como en un delicado ballet. Controlaba la cámara con gran elegancia y aplicó técnicas vanguardistas en la edición de sus películas, pero no solo fue un esteticista de la violencia.
La sangre derramada en sus películas nunca fue una mera pintura, consigue atraerte hacia en el fondo de la historia, olvidar que estás viendo actores, hacerte sentir la adrenalina de la violencia y, también, la vergüenza de nuestras propias contradicciones. Nuestra identificación con un personaje pacífico y culto, que quiere mantenerse al margen de los conflictos, frente al deseo de matar, más allá de la lucha por nuestra propia supervivencia. Más de cuarenta años después, «Perros de paja» no ha perdido su capacidad para hacernos sentir angustia e inquietud.
La historia de Perros de paja es bastante simple. Los Summer son una pareja joven, que se muda a una pequeña población rural Inglesa y alquila una casa en las afueras de dicha población. El estadounidense David Sumner es un astrofísico, que gracias a una beca para escribir un libro sobre sus investigaciones alrrededor de las radiaciones físicas, se encuentra trabajando en casa. Su esposa, Amy (interpretada por Susan George ,que de lejos realiza su mejor actuación), es inglesa y originaria de la ciudad donde ahora viven. En las primeras escenas del film, Amy se topa con un antiguo novio Charlie Venner, un hombre guapo y fornido que empequeñece y claramente intimida a David, interpretado por Dustin Hoffman. Aún así, David contratará a Charlie y a su primo para la reconstrucción del garaje que les llevará a trabajar en su casa.
La película se basa en la adaptación de la novela de Gordon Williams, «El asalto a la granja de los Trencher» ( The Siege of Trencher’s Farm.). El título de ‘Perros de paja’ se le ocurrió a Peckinpah por una frase del filósofo Lao-tzu: “El cielo y la tierra son crueles, tratan a todos los seres vivos como si fueran perros de paja”, ya que el título original de la novela recordaba demasiado a un western. Aunque en la película hay elementos del citado género nos encontramos ante el primer trabajo de su director que no es un western puramente dicho.
Lo más interesante son las diferencias considerables entre el libro y la película, y específicamente cómo Peckinpah y su co-guionista, David Zelag Goodman, cambiaron la historia, haciendo que los personajes fuesen más jóvenes, dando a la esposa Amy un pasado en el pueblo mencionado y eliminando al personaje de la hija. Además añadió un componente sexual, que se manifiesta en las primeras escenas, siendo un elemento muy importante en el desenlace de la historia y en el comportamiento de uno de los pocos personajes femeninos de la cinematografía de Peckimpah.
Lo primero que entendemos de la película es que estamos ante un matrimonio que no funciona. Pronto descubrimos que los Summer, tienen una relación muy pobre e incompleta, sin nada en común que no sea el sexo y una especie de afecto adolescente. Además, David es apolítico y apático. Ha venido a Inglaterra para alejarse de la violencia desenfrenada que se está viviendo en los Estados Unidos, y finge estar orgulloso de no tomar posición ni involucrarse.
No es fácil explicar el papel de Amy que se muestra como una mujer simple, que parece educada en el ámbito rural para estar al servicio del hombre, de su fuerza y dominación bruta. Está lamentablemente atrapada en un matrimonio que ella no tiene idea de cómo arreglar. Tal vez represente el papel secundario al que se veían relegadas las mujeres en dichos entornos. Meros objetos, tratadas como posesiones de padres, hermanos, novios o maridos. Su personaje durante la película es en todo momento instintivo y básico, con una alta tendencia al sometimiento, ya que sabe que en uso de la fuerza ellos siempre ganan. Es muy relevante la frase que le espeta a David, en pleno ataque a la casa:
» Cuando vienen a por algo, tienes que dárselo o te lo arrancarán por la fuerza»
Por otra parte David es condescendiente, arrogante y cobarde. Paso a paso el director nos arrincona en la contradicción de nuestros propios sentimientos, ya que cualquier persona que haya soportado el acoso y la intimidación, cualquiera que alguna vez haya dejado que una situación se descontrole, porque no fueron lo suficientemente rápidos o lo suficientemente inteligentes como para sofocar el problema antes de que comience, quiere que David Sumner mate a esos hombres, tal vez más que él mismo.
Al mismo tiempo, Peckinpah nos está susurrando que David ha sido en gran medida el responsable de crear dicha situación. Si él no hubiera soportado su intimidación durante tanto tiempo, si se hubiera enfrentado a ellos antes, si hubiera sido un poco más consciente de sí mismo y de sus capacidades no se habría llegado a dicho punto de no retorno.
Peckimpah quiere que su personaje principal un brillante matemático, un hombre culto y de gustos sofisticados, en un pintoresco pueblo inglés, hogar y cuna de lo que llamamos civilización se convierta en un ser brutal capaz de matar. Claramente quiere que entendamos que lo que llamamos civilización nos cubre como una fina capa de pintura, tan delgada que puede quebrarse muy fácilmente.
La defensa de la casa por parte de David Summer, no es por venganza, pues él desconoce lo que le ha pasado a su mujer, ni tampoco por piedad hacia un pobre demente, sino por la defensa del territorio y la propia supervivencia. Peckinpah quedó muy impresionado por los escritos de Robert Ardrey ( escritor especializado en temas científicos) , que explicaban las similitudes del hombre con el resto del reino animal, así como el instinto de supervivencia o el de proteger su territorio y hogar contra invasiones. Robert Ardrey define el imperativo territorial como el impulso que lleva a todo ser viviente a conquistar y defender su propiedad contra eventuales ataques realizadoss por miembros de su especie.
El territorio satisface la necesidad de identificación que todos los seres biológicos experimentan. Los seres humanos somos “animales territoriales”, a los que el instinto de supervivencia nos impulsa a “poseer” un territorio (hogar, Nación, espacio físico vacío en torno nuestro al movernos) que podamos considerar inequívocamente como “nuestro”. Para Peckimpah, la reacción de David Summer obedece a un instinto, básico e incontrolable.
La mirada crítica de Peckimpah, también se centra en describir el ambiente rural, marcado por lo masculino, seres violentos, intelectualmente analfabetos, orgullosos de considerarse seres primarios y todo ello, en un paraje hermoso y bucólico. Se hace evidente la hostilidad hacia lo foráneo, se burlan de todo aquello que signifique erudición, sabiduría o educación. Los hombres que están fuera de la casa son sólo un completo grupo de descerebrados, embrutecidos, una combinación que nos prepara para la inevitabilidad de la tragedia.
Cuando el director nos presenta al personaje John Niles, el loco del cual no sabemos que tipo de delito ha cometido en el pasado lo que resulta más inquietante, Charlie Venner dice sobre él: » Sigue libre, porque sabemos cuidar de los nuestros», lo que implica que pueden decidir libremente sobre su destino. La vida de Niles, como un ser inferior, al igual que la de la propia Amy, les pertenece y se sienten en su derecho de exigir la resolución de los conflictos según sus métodos.
Con una sugerente puesta en escena, que incluye planos inclinados que acentúan la tensión, Peckinpah nos habla de cómo a veces la violencia no puede evitarse, simplimente quedándote al margen. El director nos hace recapacitar sobre la naturaleza de nuestros instintos y la aceptación de que forman parte de nosotros. Al igual que nos muestra Hannah Arendt, en su teoría sobre la «Banalidad del mal», los grandes y crueles crímenes pueden ser cometidos por personas corrientes, incluso insignificantes. En determinadas circunstancias, cualquiera de nosotros es capaz de matar con una brutalidad inusitada. Nuestro lado violento no se puede negar, el hombre es así por naturaleza y hay que aprender a vivir con ello y controlarlo para poder sobrevivir.
En el 2011 se estrenó un remake dirigido por Rod Lurie e interpretado por James Marsden y Kate Bosworth. No se basó en una nueva visión de la novela, sino en una pobre adaptación de la película de Peckimpah y, aunque contó con la colaboración del mismo guionista David Zelag Goodman, fue una película nacida para el olvido.
Como se menciona en en el documental » El legado de un renegado de Hollywood» de 2004 dirigido por Tom Thurman:
«La carrera cinematográfica de Sam Peckimpah, no llegó a durar veinte años, pero las copias de su cine todavía perduran. Sam era un tradicionalista y un renegado, un romántico y un fatalista. Para casi cualquier pecado había una penitencia, para cada traición un acto de redención»
Decía un productor «Básicamente pagamos a los artistas para que bailen a lado de un precipicio, algunos vuelven y otros se deslizan por él». Sam Peckimpah se deslizó lentamente por su abismo personal, hasta sus últimas consecuencias
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La brutalidad y la violencia en la mirada |
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Sam Peckinpah |
Director: Sam Peckimpah