«La petite Lise» de 1930 dirigida por Jean Grémillon

«Los procedimientos rigurosos  por sí solos son  el camino que conduce a las regiones olvidadas de las personas y las cosas, no por curiosidad o placer, sino para encontrar o redescubrir su secreto con más exactitud. Sin tiempo y disciplina, ninguna tarea podrá ser realizada dignamente» 
Si “Bajo los techos de París” de 1930 dirigida por René Clair, fue un  film de gran importancia por sus diálogos, por el uso del sonido ambiente y, como no, por la música y que ejerció una influencia directa en los inicios del llamado Realismo poético francés, “La petite Lisa” (1930) de Jean Grémillon, es considerada un anticipo del fatalismo melancólico y el compromiso con los marginados típicos del movimiento cinematográfico que nos ocupa.
 
Jean Gremillon (1901-1959), músico, compositor y escritor, fue un artista completo y singular, que a pesar de haber caído en el olvido popular, sigue siendo uno de los directores más importantes en la historia del cine francés.
Nacido en una familia humilde de la Baja Normandía en Cerisy-la-Forêt, el joven Grémillon tuvo que imponerse a los deseos de su padre para estudiar música. En 1920 se trasladó a París para estudiar en la Schola Cantorum de París. Se unió a la vanguardia musical y teatral de la década de 1920, donde trabajó como pianista acompañante de películas silentes y poco después aceptó realizar cortos relacionados con el mundo laboral.
En 1929 dirigió “Lightkeepers”, producida por Jacques Feyder, que fue todo un éxito y le llevó a conocer al guionista y escritor de origen belga Charles Spaak, con el que realizó La Petite Lise. Ésta última película fue un fracaso de taquilla y de crítica, provocando su expulsión inmediata de los estudios Pathé-Natan. Lo que es sorprendente y  difícil de creer, es que la fue despreciada en su tiempo por ser una fiel representación del pueblo francés. En 1932 realizó la magnífica “Daïnah la métisse” con la productora Gaumont, pero el prestigio de Gremillon había quedado seriamente afectado
Después de la liberación de Francia, Gremillon comenzó varios proyectos de películas históricas y sobre objetivos revolucionarios, como la Comuna de París o la Guerra Civil española, pero ninguno salió a la luz debido al abandono y el rechazo por parte de los productores.
Después de cuatro años sin conseguir que sus películas se hicieran realidad, y tras la filmación de varios documentales, entre ellos uno sobre el pintor André Masson, Jean Grémillon murió prematuramente a los 58 años. Casi todo el material rodado por Gremillon se consideró perdido, hasta que en la década de los años sesenta, sus películas fueron recuperadas y restauradas
 Es cierto que muchas de sus películas fueron encuadradas en el contexto del realismo poético, sin embargo Grémillon rechazó lo que él llamó el «naturalismo mecánico» en favor de :

» El descubrimiento de esa sutileza que el ojo humano no percibe directamente, pero que debe demostrarse estableciendo las armonías, las relaciones desconocidas, entre los objetos y los seres; Vivificante, fuente inagotable de imágenes que golpean nuestra imaginación y encantan nuestros corazones «

Tal vez por ello, no consiguió hacerse un hueco entre los directores de realismo más consolidado bajo la vigilancia del Frente Popular.  A partir de la segunda mitad de los años treinta, la fórmula de dicho movimiento quedó fijada y los recién llegados o los más innovadores no tenían más alternativa que caminar por esta estrecha vía de la verdad social convertida en arte.
Gremillon era un hombre ambicioso, que había querido mostrar las tragedias humanas de la vida cotidiana, pero que en su deseo perfeccionista, como escritor,  compositor de  música y también como pintor de gran sensibilidad quiso dar a sus personajes una profundidad y un tratamiento psicológico que no parecía encajar con el realismo más estricto.
Estaba fascinado por los personajes de Shakespeare, fue educado en  las ideas Chouans  y había reconocido y profesado la solidaridad de los trabajadores. Pero Grémillon fue más lejos en su búsqueda, a través de una especie de intuición, del otro lado de la gente, sabía descubrir en ellos una riqueza de ambigüedad y virtudes trágicas que sin él tal vez habría permanecido inexplorado
Jean Grémillon en Bretaña
Según la actriz Madeleine Renaud, “Él era muy humano, sin exageración. Quiero decir: tenía mucha compasión. Su actitud hacia los actores lo demuestra; No nos consideraba elementos de sus propias construcciones. No nos redujo al papel de materiales que eran buenos para construir sus propios diseños arquitectónicos, nos entendía, nos amaba, quería vernos haciendo lo mejor. Nuestra profesión puede ser  aterradora, pero él se deshizo del miedo. El malestar es útil, pero el miedo es paralizante. Cuando rodamos bajo su dirección, sólo teníamos que dejarnos ir «
Madeleine Renaud en «Le ciel est à vous» dirigida por Jean Grémillon
Madeleine Renaud

Sin embargo, durante su encarcelamiento, Lise ha recurrido a una vida de prostitución y junto a su proxeneta, André ( interpretado por Julien Bertheau) tiene un plan para obtener suficiente dinero y escapar de vida actual. Cuando Victor llega a París, comienza a reconstruir su vida y encuentra trabajo, pero desconoce la  vida que lleva su hija y del peligro en el que se encuentra. Cuando su hija puede ser acusada de asesinato, Víctor encuentra la oportunidad de redimirse salvando a su hija mediante su propio sacrificio.

 En La Petite Lise, hay muchas escenas de gente trabajando, y hay una breve secuencia que muestra París por la mañana: las luces de los clubes de neón, los barcos que cruzan el Sena, los trabajadores de la construcción, los coches y los camiones en una calle arbolada. La escena ofrece una muestra del París moderno, industrial, y un pequeño detalle de sus consecuencias: un vagabundo durmiendo en un banco.
La pobreza de los personajes de La Petite Lise hace referencia a una pobreza eterna y legendaria, transmite la sensación de que Víctor y Lisa son víctimas de su propio destino, que su caída e imposibilidad de reinserción no es culpa de nada, ni de nadie. La película se siente inusualmente comprometida con sus personajes principales y nunca emite un juicio sobre ellos, presentando su confusión moral con franqueza e, incluso, con simpatía

 Otro hecho que caracteriza el cine de Gremillon es el manejo del sonido. Parece como si el director pensara que una ventaja del sonido es poder hacer cosas, como sustentar un plano en base a los diálogos sin tener necesariamente que mostrar sus rostros. Del mismo modo el esperadísimo y emotivo encuentro entre padre e hija aparece fuera de plano y solo lo escuchamos por los diálogos entre ambos.

 Se ha dicho en alguna ocasión que rara vez un cineasta ha amado el humo tanto como lo hizo el director Jean Grémillon. La Petite Lise está llena de él: en las habitaciones, entre las paredes de la prisión, las calles de la ciudad y los espacios públicos. Para Gremillon el humo parece su musa, su maestro y actor principal que se regenera  y desaparece rápidamente, tanto en la atmósfera como en el corazón y la mente de sus personajes oprimidos.

En la prisión de Cayenne, prisioneros rodeados de humo
El humo es un protagonista más del cine de Grémillon
Nadia Sibirskaïa interpretando a Lise
 Nadia Sibirskaïa interpretando a Lise 
 Nadia Sibirskaïa interpretando a Lise y André interpretado por Julien Bertheau
Escenas del cabaret de Jazz en el momento de la detención
Director: Jean Grémillon
Guión Charles Spaak

Fotografía: Jean Bachelet (B&W)
Música: Roland Manuel

Productora: Pathé-Natan
Reparto: Pierre Alcover, Joe Alex, Alex Bernard, Julien Bertheau, Raymond Cordy, Lucien Hector, Alexandre Mihalesco, Pierre Piérade, Nadia Sibirskaïa, Ernst Léardée  

 

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