Todos nos llamamos Alí (1974) de Rainer W. Fassbinder: El amor contra el racismo 

La película fue escrita y dirigida por Rainer Werner Fassbinder (1945 – 1982), que se rodó en tan solo 14 días. El título original alemán «Angst essen Seele auf» es deliberadamente incorrecto gramaticalmente, traduciéndose literalmente como «El miedo se come el alma». La forma correcta en alemán sería «Angst isst die Seele auf” haciendo una referencia directa al mal alemán del inmigrante Alí. 

El film constituye un premonitorio discurso sobre el fenómeno de la inmigración, el desarraigo que padecen tantos hombres y mujeres que se ven obligados a huir en busca de oportunidades, que su país de orígen les niega y cómo los resortes del odio, de una xenofobia apenas sugerida, despierta a los viejos fantasmas del nazismo.

Rainer Werner Fassbinder cineasta, actor, dramaturgo y director de teatro, fue un catalizador del movimiento del Nuevo Cine Alemán. Nació cerca de Múnich tres semanas después de que los Aliados ocuparan la ciudad y Alemania se rindiera de modo incondicional. Las secuelas de la Segunda Guerra Mundial marcaron profundamente su infancia y la vida de su familia. Los padres de Fassbinder eran miembros cultos de la burguesía, pero cuando se divorciaron en 1951, su madre crió a Rainer como madre soltera en Múnich. Cuando estaba trabajando como traductora, a menudo enviaba a su hijo al cine, para que no estorbase. Como solía quedarse solo, se acostumbró a la independencia y, se convirtió en un delincuente juvenil realizando pequeños hurtos. 

En la adolescencia fue enviado a un internado y después de varios intentos de fuga, se fue a vivir con su padre a Colonia. Pronto se interesó por la interpretación y decidió regresar a Munich para tomar clases de teatro. Asistió al estudio Fridl-Leonhard para actores y allí conoció a Hanna Schygulla, quien se convertiría en una de sus actrices más importantes. 

Realizó varios cortos, ahora considerados perdidos, para entrar en la escuela de cine de Berlín, pero fue rechazado y regresó a Munich donde siguió escribiendo y realizando teatro. En 1967 Fassbinder se unió al Munich Action-Theatre, donde actuó como actor, director y guionista. En 1969, Fassbinder realizó su primer largometraje El amor es más frío que la muerte y centró sus esfuerzos en su carrera de cinematográfica

En Todos nos llamamos Alí, el director nos presenta un drama desgarrador y extremadamente profético que transcurre en la década de los años setenta en Múnich. Es la apasionante y valiente historia de amor entre Emmi Kurowski, una madura mujer blanca polaco-alemana, y Ali, un joven marroquí: una historia simple y diáfana, pero con una inteligencia moral sofisticada. La película tiene lugar entre las resentidas clases medias, profundamente racistas de la posguerra de Alemania, todas ellas con sus almas devoradas por el miedo. 

Brigitte Mira interpreta a Emmi, una mujer de la limpieza viuda que una triste noche lluviosa se detiene en un bar frecuentado por inmigrantes, regentada por la rubia y aria  Barbara (Barbara Valentin). Un joven marroquí solitario, apodado Ali, interpretado por el que entonces era pareja de Fassbinder, El Hedi Ben Salem, que le pide galantemente que baile. Se van a casa juntos, se enamoran y, comienzan una relación.

Pero Alí está subarrendado ilegalmente en el apartamento y sospechando su próximo desahucio, la pareja anuncia desafiante que se van a casar. Y así lo hacen, enfrentando su propio miedo interno y el de los demás, causando una profunda consternación entre sus hijos ya adultos y su yerno desagradablemente racista, que está interpretado por el mismo Fassbinder.

Uno de sus hijos destroza furiosamente su televisor con rabia, una referencia directa a Sólo el cielo lo sabe de Douglas Sirk. Con notable franqueza y despreocupación, Emmi revela que ella fue miembro del partido nazi durante la guerra, le pregunta a Ali si ha oído hablar de Hitler e incluso lo lleva al restaurante famoso como el favorito de Hitler, la Osteria Italiana en Schellingstrasse. 

Emma en ningún momento tiene un gesto de disculpa por su pasado, tampoco insinúa que sus sentimientos por Ali son de alguna manera redentoras: solo se deja seducir por el amor y por su desprecio por los chismes de fanáticos amargados que desaprueban su relación. Sin embargo, su amor no es fácil, y las diferencias culturales no se superan tan fácilmente.

La pareja sufre el rechazo de sus vecinos, familiares y amigos, cegados por la intransigencia, atenazados por el miedo, inseguros ante el cambio y todo lo nuevo y animados por el espíritu autoritario que parece palpitar en el alma colectiva de la sociedad alemana 

El director pone en evidencia la falta de argumentos, inventando falsedades,  en los que se basa el rechazo de la inmigración, sea polaca, magrebí o turca. Además del rechazo al inmigrante, se añade el trato que padecen las personas mayores, como Emmi, muchas de ellas se ven condenadas a la soledad y al abandono. Emmi padece un doble rechazo, el que sufre por ser pareja de un inmigrante y el que padece como persona mayor. 

La hostilidad general que soporta la pareja se convierte en falsa amabilidad y en condescendencia interesada, cuando estos necesitan alguna ayuda o favor. El racismo, la intolerancia, la inseguridad, el miedo y la hipocresía son elementos que se refuerzan solidariamente.

Las actuaciones de Brigitte Mira y El Hedi Ben Salem como Emmi y Ali son excelentes, que actúan con sencillez y encanto, consiguiendo que el espectador simpatice con la pareja deseando que alcancen la felicidad y triunfe el amor. Es especialmente tierno cuando Emmi le dice a Alí, a modo de mantra: 

“Seremos ricos, Ali … y nos compraremos un pedacito de cielo”

Toda la película es un homenaje al melodrama realizado por Douglas Sirk en los años cincuenta Sólo el cielo lo sabe, que se centra en la vida de Cary Scott (Jane Wyman), viuda reciente, de posición acomodada, de mediana edad, madre de un hijo (Ned) y una hija (Kay), ambos en la veintena. Acostumbrada a vivir a la sombra de un marido dominante, está sumergida en la soledad y en el pasado, sale poco de casa y no tiene aficiones. Pronto conoce al nuevo jardinero, joven y apuesto, interpretado por Rock Hudson e inician una relación sufriendo el rechazo de sus hijos y su entorno social, por las diferencias de clase y edad.

Posteriormente, Todd Haynes en 2002 también realizó un homenaje a la obra de Sirk en la magnífica película Lejos del cielo con un guión del propio director, contando la historia que tal vez Sirk no pudo narrar por temor a la censura. Por otra parte, el director finlandés Aki Kaurismäki incluyó unas escenas de bar en su último film El otro lado de la esperanza ( 2017) que son un claro homenaje a la película de Rainer Werner Fassbinder

FICHA TÉCNICA

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